Essaouira, el paraíso de las gaviotas en Marruecos

Publicado por : Úrsula Kiener/ 163 0

Por más que Marrakech sea un destino interesantísimo, también es intenso. Después de un par de días de actividad en la plaza de Yamma el Fna estarás listo para un cambio de ambiente.

Mi segunda visita a Marrakech o Marruecos la hice después de la Feria Internacional de Turismo (FITUR). Fui sola, igual que la primera vez. Consulté a mi riad -dueño de una antigua casonas con pocas habitaciones, destinadas a hospedaje- sobre qué sitios me recomendaban visitar por un día. Essaouira fue una de las sugerencias.

Árbol de cabras

Ubicada a 191.8 kilómetros (119.17 millas) de Marruecos, el trayecto a Essaouira toma tres horas, con algunas paradas a lo largo de la ruta para que atisbes las famosas cabras montadas en los árboles, y luego en una fábrica de aceite de argán. Las semillas de argán sirven de alimento a estos cuadrúpedos, que se trepan en las ramas, creando verdaderos árboles de cabras.

Los tours son económicos. Creo que pagué 25 dólares por el recorrido de todo un día. En el bus habían personas de todos partes, incluyendo una pareja de profesores de Argentina. Me hice amiga de ellos y pasamos el día juntos. Lo que me gusta de viajar sola es poder conocer gente interesante de todos lados.

Esta ciudad ha sido un puesto de comercio desde el siglo quinto antes de Cristo. Como la mayoría del país, Essaouira pasó por control fenicio, cartaginés y romano. Es famoso por sus tintes naturales (como el azul ‘majorelle’). Después de los romanos, el rey Juba II erigió una fábrica para la confección de tinte morado, que era extraído de un caracol encontrado en unas islas frente a la playa.

Los portugueses la bautizaron con el nombre de Mogador, como fue conocida hasta los años sesentas. De acuerdo con el geógrafo al-Bakrī, en el siglo 11 vivió un santo mulsumán llamado Sidi Mogdoul. Es probable que el sitio haya sido nombrado en su memoria. Essaouira, su nombre moderno, significa fuerte o pequeña muralla.

Su posición en la costa atlántica, protegida por la isla de Mogador, es lo que ha permitido que su bahía se mantenga resguardada de los vientos marinos.

Patrimonio de la Humanidad

En 1506, el Rey de Portugal, Manuel I, ordenó que se construyera un fuerte que bautizó como Castelo Real de Mogador. Cuatro años después la fortaleza fue tomada por una tribu beréber conocida con el nombre Regraga. La ciudad cayó en manos de los piratas, pero siguió siendo importante para los comerciantes de azúcar y melaza.

Los ejércitos de España, Holanda, Inglaterra y Francia trataron de someter infructuosamente a la ciudad. La urbe actual fue construida por el Sultán Mohammed III, en el siglo XVIII. Su idea era construir un puerto cercano a Marrakech para impulsar el comercio con Europa. El rey escogió a un ingeniero francés,Théodore Cornut, para diseñar la ciudad, incluyendo la medina.

En esa época los judíos conformaba un 40% de la población. El rey los invitó a mudarse para manejar el comercio. En el 2017, el número se había reducido drásticamente: solo había tres habitantes judíos.

A lo largo de los años, Essaouira ha recibido influencia de los beréberes, judíos, portugueses, francés, holandés, para nombrar algunos países. UNESCO incluyó a Essaouira de su lista de patrimonios de la humanidad en el 2001, por “sus principios de arquitectura militar europea contemporánea en un contexto de África del Norte”.

Puerto de pescadores

Al bajarnos del bus, nuestra primera impresión en Essaouira fue el puerto de pescadores. Arribamos al mediodía, cuando la pesca del día ya había sido traída desde el mar y distribuida en los puestos de ventas.

Los turistas pueden escoger entre el menú de frutas de mar. Los mariscos se mantienen frescos en unas camas rellenas con hielo, que sirven de muestrario. Las gaviotas y visitantes disputan unos “juegos del hambre”.

Como mis amigos no comían mariscos, nos retiramos a comer a otro sitio, donde pude probar unas ostras frescas. El que atendía me las abrió y roció con un poco de limón. Al pedir el segundo plato, me ofrecieron un descuento.

Es un puerto frenético en su actividad, donde se pueden observar a los pescadores construyendo, pintando y arreglando sus botes de madera. Los de pintan en u azul intenso que constrasta con los tonos beige del desierto y de la fortaleza. Justo antes de entrar por el túnel a la fortaleza, encontrarás miles de yardas de malla para pesca. Los pescadores pasan horas arreglándolas. Una de mis cosas favoritas de es la capacidad de mantener las formas tradicionales de hacer las cosas.

Cultura del regateo

El regateo es una costumbre establecida en los países árabes. En realidad, es como un juego. Pero si uno no está acostumbrado puede resultar agotador y frustrante. Los vendedores son “intensos”. Su insistencia casi que raya en el acoso callejero. En la medina de Essaouira el ambiente no es tan pesado como en Marrakech o Fes, y los precios son mejores.

En realidad, los vendedores y habitantes de Essaouira son personas muy relajadas. Nadie te presiona para que entres a su tienda o para ofrecerte un recorrido por la medina y después cobrarte una propia exorbitante.

Aquí puedes encontrar todas las cosas tradicionales de otras medinas, como, por ejemplo, cerámicas, carteras, especies, camisas alfombra e incluso pociones que los marroquíes llaman “viagra beréber”. Entre la pasarela de chucherías me enamoré de un lavamanos de cerámica, que me envolvieron para llevarlo de regreso a Panamá en mi maleta de mano. Todavía no sé como cupo…

Lo que diferencia a esta medina de las otras es el arte. Existen muchas galerías de arte donde se exhiben obras de creadores locales. Además de una cooperativa de mujeres que preparan y venden aceite de argán orgánico, textiles y ropa bohemia.

Visitantes famosos

Al principio de la década de los cincuentas, el actor y director Orson Welles visitó Essaouira para filmar su película “Othello”, lanzada en 1952. Se dice que mientras estaba en la ciudad conoció al primer ministro británico Winston Churchill, que también estaba hospedado en su Hotel des Iles.

Las pequeñas calles laberínticas de la medina sirvieron como escenario de varias escenas de la película. Afuera de los baños turcos en la mellah judía– se puede encontrar una placa conmemorativa.

Ya en los sesentas, Essaouira se convirtió en un destino para los hippies. Jimi Hendrix arribó en 1969. Según una leyenda urbana, aquí se inscribió la canción “Castles Made of Sand”, lo que no es cierto por el roquero no visitó la ciudad portuaria hasta dos años después del lanzamiento de la canción.

Hoy en día, Essaouira sigue siendo un destino musical. Desde 1998 alberga un festival anual conocido como “Gnaoua” (festival-gnaoua.net) que atrae a 450,000 espectadores durante cuatro días. Por su popularidad, es conocido como el “Woodstock de Marruecos”.

Destino para el ‘kitesurf

Fuertes brisas costeras, llamadas alizee, o taros en beréber, refrescan a Essaouira y le otorgan el mote de “Ciudad del viento de África”. La mayoría del año los vientos son tan fuertes que es imposible relajarse en las playas. Sin embargo, lo positivo de esto es que el verano no es tan intenso como en otras partes de Marruecos.

Entre abril y noviembre arriban los “kitesurfers”. No es necesario cargar equipo, ya que lo alquilan en muchas tiendas. Si lo que aspiras es a aprender, es posible recibir clases en las tiendas.

Escenario de GOT

Los fanáticos de la serie Game of Thrones reconocerán a Essaouira. En la temporada 3, capítulo 4, el personaje de Khaleesi aparece navegando a la ciudad de Astapor -que en realidad es Essaouira- para cumplir con su destino de otorgar libertad a los oprimidos. En la empresa se hace de un “extra”: toma las riendas de un ejército conocido como los “Unsullied”, una horda disciplinada de esclavos eunucos que estaban a la venta. En la ciudadtambién se filmaron algunas escenas ambientadas en King’s Landing, la capital del reino de fantasía de Westeros.

Las rampas que se aprecian en la serie datan del siglo 18. Están fortificadas con una fila de cañones, que fue construida por los holandeses. En la mañana la zona es muy tranquila, pero se va colmando de gente a medida que avanza la tarde.

Me gustó muchísimo Essaouira. Recomiendo pasar una noche en algún hotel -es posible reservar en Booking para poder degustar su deliciosa comidad y disfrutar de la vida nocturna.

El jardín de Yves Saint Laurent

Publicado por : Úrsula Kiener/ 92 0

Sin duda uno de los lugares más fotografiados de Marrakech es el Jardín Majorelle. Lograr esto no es algo fácil, ya que esta ciudad en Marruecos está llena de sitios coloridos perfectos para los amantes de las fotografías. El Jardín Majorelle es una de las pocas atracciones que no queda en la Medina, sino que está en Guéliz, que es un barrio europeo creado por los franceses durante la época del protectorado.

Los jardines abren a las 8:00 a.m., así que decidí desayunar temprano e ir por la Medina, ya que es bastante tranquila en la mañana. Los comerciantes están apenas montando sus puestos y no hay muchas personas. Si no quieres caminar, puedes tomar un taxi o también un carruaje de caballos.

Debes negociar precios siempre. Es recomendable ir a los jardines cuando abren o cuando cierran. Las filas para entrar son eternas. Reciben 700,000 visitantes por año.

Cuando fui, a las 9 a.m., no había fila, pero cuando salí del jardín habían más de 200 personas esperando.

LA CALLE QUE BAUTIZÓ LA PRINCESA

Este jardín es uno de los más famosos de África, especialmente al norte del Sahara. La ciudad cambió el nombre de la calle a Rue Yves Saint Laurent, como agradecimiento al diseñador que compró la propiedad.

El 27 de noviembre de 2010, su alteza real, la princesa Lalla Salma, dio a conocer el nuevo cartel de la calle. Más de 300 plantas de cinco continentes crecen en el Jardín Majorelle. Es impresionante la altura de las palmas y los cactus.

Por la cantidad de plantas, el clima es más agradable y hay menos calor que en el resto de Marrakech. Como resultado, la gente anhela pasar tiempo sentada en las bancas, observando las fuentes de agua y la vegetación.

Dentro del Jardín Majorelle existe un pequeño monumento conmemorativo a la vida del diseñador Yves Saint Laurent. El mismo se encuentra alrededor de un pilar romano que fue traído de Tánger.

TRES OPCIONES DE TIQUETES

Cuando llegas a la taquilla te dan tres opciones: jardín, museo beréber y museo Yves Saint Laurent. Este es el primer museo beréber en Marruecos, con 600 artefactos de los habitantes indígenas de Marruecos. Originalmente el museo fue el estudio del pintor Jacques Majorelle y tiene una colección de sus obras.

 

Hay una boutique que vende souvenirs costosos, incluyendo piezas de vestir, además de libros. Puedes tomar un café o té de menta (la bebida nacional de Marruecos) en el café del jardín.

Uno de los cuartos que más me gustó es el que tiene algunos carteles diseñados por Yves, incluyendo su famosa colección de ‘LOVE’, que cambiaba cada año. En el centro hay una pequeña biografía del diseñador.

Visitar el nuevo museo de Yves Saint Laurent es costoso. Personalmente no me pareció que valió la pena por el precio que cobran. Este museo abrió en octubre del 2017.

Jacques Majorelle fue un amante de la jardinería y la cultura islámica. Nació en Nancy, Francia, en 1886. Su padre fue Louis Majorelle, un famoso diseñador de muebles. Por lo tanto, Jacques creció en un mundo de arte, cuando el art nouveau estaba en su apogeo.

Este movimiento se inspiraba en formas encontradas en la naturaleza y Majorelle creció amando la flora y la fauna. Visitó Egipto y se quedó viviendo allí por cuatro años. Se volvió un amante de la cultura y el mundo islámico.

En 1919, ya casado con su esposa Andrée Longueville, se muda permanentemente a Marrakech. En 1923 decide comprar 1.6 hectáreas situadas en el borde de un palmeral. Ocho años después, le solicita al arquitecto Paul Sinoir que diseñe una villa estilo cubista para la propiedad que ya era de cuatro hectáreas.

Pasó 40 años plantando su jardín, que empezó a ser conocido como Jardín Majorelle. En 1947 abrió el jardín al público para poder pagar los altos costos de mantenimiento.

El pintor se divorció en los años cincuenta. Luego sufrió un accidente automovilístico que le terminó costando la pierna. Por problemas económicos se ve obligado a vender la casa y el jardín queda descuidado. En 1980, Pierre Bergé e Yves Saint Laurent compran la propiedad salvándola de su destrucción. Lo hacen con la finalidad de construir un hotel y un proyecto residencial.

ENAMORADOS DE MARRUECOS

Yves Saint Laurent nació en Orán, Algeria. Al igual que Majorelle pasó toda su vida entre Francia y el norte de África. Yves y su pareja Pierre llegaron a Marrakech por primera vez en 1966 y nunca se fueron. La ciudad influenció al diseñador.

La moda, jardines, colores y artesanías locales hicieron que sus diseños evolucionaran. ‘Marrakech me enseñó el color; antes de Marrakech, todo era negro,’ dijo Yves Saint Laurent. El diseñador tuvo una carrera de 40 años, desde 1962 hasta que se retiró en 2002.

Yves muere el 1 de junio del 2008 en París, pero sus cenizas fueron regadas en el jardín de rosas en Villa Oasis, la casa privada junto al Jardín Majorelle. Desde el 2011 la propiedad ha sido manejada por la Fundación Majorelle para garantizar la preservación del jardín, que actualmente es mantenido por 20 trabajadores. Pierre Bergé fue el director de la fundación hasta su muerte, en septiembre del 2017.

 

PLANIFICA TU VISITA

El jardín es uno de los más famosos de África, especialmente al norte del Sahara

Duración del vuelo: 19-25 horas a Marruecos

Costos: $1,300 (más barato si vuelas a Europa y tomas una aerolínea de bajo costo)

Horario: Horario: GMT+1 / 5 horas más que Panamá

Costos en destino: medio / barato

Visa: Sí

Dato importante: Sólo toma agua de botella y ten cuidado donde comes. Es mejor llevar alguna medicina para el estómago.