El ‘arca’ de El Níspero

Publicado por : Úrsula Kiener/ 227 0

Traté de llamar al zoológico “El Níspero”, en El Valle, para solicitar una entrevista durante mi visita, pero el teléfono no funcionaba. Decidimos simplemente llegar y probar suerte. En la recepción comentamos que el teléfono no funcionaba y la encargada, entre risas, explicó que una ardilla se comió el cable y que no era la primera vez que sucedía.
Por suerte pudo llamar a Carlos Caballero, el médico veterinario encargado, que llegó cuando habíamos terminado nuestro recorrido.

Pasión por la naturaleza 

Caballero dice que se conoce el zoológico “El Níspero” como la palma de su mano. Es oriundo de Las Tablas, pero tiene 21 años trabajando allí. Iba a visitar el sitio con su padre desde los 12 años y se enamoró del lugar.

Empezó estudiando medicina humana, porque le gusta la ciencia, aunque no es muy asiduo a los hospitales. Prefería la naturaleza. Fue así que se cambió a estudiar veterinaria, pero en esos tiempos no se ofrecía la carrera en Panamá. Le tocó mudarse a Bogotá, Colombia, para asistir a la Universidad de La Salle.

Al graduarse regresó a Panamá e hizo una práctica con el Comando Sur en Corozal y a través de ellos se fue a capacitar en varios zoológicos en Estados Unidos, incluyendo San Diego, California y Phoenix, Arizona.

Luego, con un proyecto de anfibios fue a Ohio, Brooklyn, Chicago y Houston. Lo que más le apasiona es la reproducción bovina y ovina, practicando inseminaciones artificiales y transferencias de embriones.

Colabora con el Instituto Gorgas, recolectando muestras de alacranes y garrapatas. Además, realizan estudios con muestras de sangre para investigar las enfermedades que transmiten las garrapatas en perros, coyotes, y otros animales.

Los inicios del zoológico

El Níspero empezó en 1976, pero no con el concepto de ser un zoológico o un lugar de atracción turística, sino como una finca de descanso para los dos propietarios panameños. Uno de ellos falleció.

Antaño, donde está Pretel en calle 50, existía la Pajarería Turiño, donde fueron adquiridos algunos animales exóticos, como los faisanes.

Mona Lisa García de Paredes trajo a Panamá zebras, llamas, avestruces, emús y otros animales, desde Texas. Los reprodujo y los vendió al zoológico y a otras personas.

Los tapires de Noriega

Los tapires son animales exóticos pero nativos que llegaron cuando fueron rescatados por parte de la Dirección por la Recuperación del Patrimonio (DRP). Solían ser del General Noriega y fueron primero a una base militar en Corozal, manejada por el Comando Sur.

Un año después, la Contraloría -en calidad de DRP- le pasó la custodia de los animales a El Níspero. “Eso fue un boom, la prensa escrita, televisiva y radio; las personas empezaron a visitar El Níspero para ver los tapires del general Noriega”, recuerda Carlos.

Los que puedes ver hoy en día son los nietos de los originales que ya fallecieron. Los jaguares llegaron cuando mataron a la madre y eran tan chicos que no abrían los ojos. Les dieron mamadera y primeros auxilios, pero ya no pueden regresar a la jungla: han tenido contacto con los humanos, por lo que van a tender a acercarse, lo que puede ser causa de que los ultimen.

Noventa y cuatro especies viven en El Níspero. La mayoría son aves y de las más vistosas: faisanes, guacamayas, pavos reales, etc. Son más fáciles de cuidar que los mamíferos, incluyendo a felinos como los jaguares.

De entre los animales locales puedes observar monos capuchino, de cara blanca y monos araña, cocodrilos americanos, tortugas y demás.

Además, conservan animales de finca, incluyendo gallinas, puercos, ovejas, entre otros. En nuestra visita tuvimos la oportunidad de presenciar el nacimiento de una oveja.

Rescate de anfibios 

El zoológico de El Níspero cuenta con un Centro de Conservación de Anfibios que originalmente era manejado por el zoológico de Houston. Ahora lo maneja el Smithsonian.
A través de un acuerdo se logró que no se incrementara el costo de la entrada, para que así las personas pudieran apreciar la diversidad de los animales que hay en el sitio.

Se ha creado un “Arca de Noé” para guardar las especies que los biólogos especialistas determinan que son importantes para la biología y se reproducen en el centro. Hay un hongo que está afectando a las especies anfibias, que junto a situaciones como el calentamiento global, contaminación de las aguas, deforestación y extracción ilegal de madera, ha diezmado a todas las poblaciones.

Las especies que no son tolerantes a esta epidemia sólo pueden sobrevivir en condiciones de laboratorio, donde se puede controlar temperatura, agua, luz y comida.

Es difícil volver a introducir las ranas al medio ambiente. Algunas especies, como la rana dorada, sólo viven en lugares muy específicos como Altos del María, Cerro Campana, El Valle de Antón y El Copé. Esto se debe a la altura y los niveles de presión barométrica, temperatura del agua y los alimentos que necesitan ingerir en la etapa juvenil o de renacuajo.
El progreso urbanístico ha alterado las condiciones que necesitan, cambios a los que pareciera que no se están adaptando.

Se requieren fondos para este proyecto, ya que hay que darle seguimiento a la situación de los anfibios, para ver cuántas sobreviven y en qué zonas.

Puede ser que vayan modificándose para resistir. Actualmente albergan unas 2,000 ranas doradas, pero se está reduciendo el espacio, porque además tienen otras 23 especies. El proyecto se va a mudar eventualmente a las instalaciones del Smithsonian en Gamboa, porque es muy costoso mantener ambos centros. Preparar la comida es lo más complicado, ya que se requiere la cría de grillos, cucarachas, mosquitos de frutas y otros insectos.