08

Jun
2018

‘Camping’ en La Yeguada

Publicado por : Úrsula Kiener/ 40 0

A cuatro horas de la ciudad, el paisaje cambia. Ya sea que se entre desde Coclé o Veraguas, el destino es el mismo: un sitio con bosques y cascadas, y lugares perfectos para acampar

A simple vista, La Yeguada parece estar en Canadá y no en la provincia de Veraguas. Este hermoso lago de 1,125 kilómetros cuadrados es realmente el cráter de un volcán primitivo conocido con el nombre de “Cerro Verde”, que abastece de agua a la hidroeléctrica del mismo nombre.

Los ríos San Juan y San Antonio alimentan el embalse, con una profundidad máxima de 6.5 metros. En sus aguas habitan especies como sábalo, tilapia, carpa, guapote y otras, que son pescadas por los lugareños.

El Decreto 94 de septiembre de 1960 creó la Reserva Forestal de La Laguna de La Yeguada. Se dice que los pinos fueron sembrados durante el gobierno de Omar Torrijos para pagar las deudas de Panamá a base de madera. Lo que sí es cierto es que fue la primera reserva forestal del país. De 7,090 hectáreas 3,000 están sembradas con pino caribe, que han venido sembrando los lugareños -especialmente por las mujeres de la zona-, desde 1967, con el objetivo de resguardar la cuenca hidrográfica.

Hoy en día, la reserva, ubicada a 1, 297 metros sobre el nivel del mar, pertenece al Ministerio de Ambiente (MiAmbiente). La hidroeléctrica, construida en 1967, es manejada por Gas Natural Fenosa y produce 6.6 MW de energía.

Por su belleza natural, La Yeguada se ha convertido en una de las zonas preferidas para acampar de los panameños y turistas.

¿Cómo arribar?

Salimos de la ciudad de Panamá como a las seis de la mañana, para aprovechar el día. Realizamos una parada técnica para desayunar en Penonomé. Después seguimos por la Panamericana hasta arribar a Aguadulce. Después de 15 kilómetros aparecerá un letrero que reza: “El Jagüito”. Ahí es necesario virar a la derecha.

La carretera está bastante bien asfaltada, ofreciendo un paisaje muy pintoresco a medida que se va ascendiendo por la montaña. A 30 kilómetros se encuentra el poblado de Calobre, en Veraguas. Es el último punto en contar con una buena señal de celular. Justo después encontrará unos pozos termales, que no tuvimos la oportunidad de visitar, pero que sí están señalizados en la carretera.

Era temporada de guandú, un tipo de frijol que es muy popular en la cocina panameña -toda la carretera estaba llena de plantas florecidas-. Nos detuvimos un rato en una casa para fotografiar unos pescados que se estaban secando al sol, algo muy tradicional del interior de Panamá.

Veinte kilómetros después aparecerá La Yeguada, donde aparecerán las máquinas de la hidroeléctrica y las líneas de tubería que van bajando desde la montaña para alimentar la generación eléctrica.

A medida que vas subiendo, el paisaje se va volviendo más montañoso y colmado por pinos. En total el viaje demoró unas 4 horas.

El resto de nuestro grupo decidió dormir en el Hotel Mykonos, en Santiago. Por una carretera de 17 kilómetros se puede llegar hasta el distrito de San Francisco, donde se erige un histórica iglesia. Si se dobla a la derecha se pueden recorrer los 22 kilómetros hasta Calobre, y luego 20 kilómetros más hasta arribar a La Yeguada.

¿Qué hacer?

Antes se permitía bañarse en el lago, pero hoy un letrero advierte que está prohibido. Hay una gran torre en el medio del lago que sirve para medir el nivel del agua. Los lugareños y algunos turistas solían nadar hasta la torre, pero en el 2016 se murió un joven de 17 años. Creo que de ahí viene la prohibición. No hay salvavidas a la vista, pero pienso que si deseas bañarte en la orilla no debe haber mayores problemas.

Nuestra visita fue en verano, cuando arrecia la brisa, creando una corriente. Muchas personas aprovechan el clima favorable para alquilar kayaks, para surfear o para hacer ejercicio en el lago. Para los aventureros, al lado del registro existe una cascada que invita a ser explorada.

Se trata de un sendero transitable, con letreros que identifican la vegetación. Algunos son bastantes hilarantes, como uno que reza: “no fumar el guaramo”. Se trata de una sustancia a la que recurren los indígenas y (y los perezosos) para drogarse.

Cruzando un pequeño puente se accede a la famosa cascada, un lugar ideal para bañarse. Debes tener cuidado ya que las piedras son resbaladizas. El agua estaba fría, pero refrescaba al contacto con el calor.

Si no deseas bañarte puedes subir unas escaleras rústicas hasta alcanzar el mirador, un sitio propicio para tomar fotografías. El reflejo de la luz en el agua de la cascada crea un arco iris, todo un espectáculo visual.

Algunas personas acampan en La Yeguada para trasladarse al Chorro “La Silampa” al día siguiente. Es popular por sus aguas cristalinas y queda en Chitra, en el distrito de Calobre, en Veraguas, a aproximadamente dos horas de camino.

En la noche puedes improvisar una pequeña fogata o encender la barbacoa para preparar la cena. Algunas personas llevan guitarras o música, pero es importante mantener el volumen bajo para no molestar a los otros.

Zonas para acampar

En el 2018 MiAmbiente mandó una notificación para eliminar el cobro de dos dólares por auto, dos por persona y cinco por todo. Además, existía una regulación de capacidad de carga para la zona más cotizada, ubicada frente al lago, que podía ser reservada por teléfono.

Arribamos al puesto de MiAmbiente, donde fuimos atendidos por un funcionario que nos señaló la necesidad de registrarnos en un libro. Al preguntar sobre el pago expresó desconocimiento acerca de lo acaecido, pero que ya no era un requisito para ingresar. Al explicarle que no iba a filmar nada para uso comercial, me dejó pasar. Existe la opción de acampar en terrenos privados y que dispones de mejores facilidades de las que ofrece MiAmbiente.

En la zona de registro (que está cerca de la cascada) también se puede acampar. El baño se encuentra en condiciones deplorables, con duchas que no un poco más que un chorro cubierto por una estructura cuadrada de madera.

Nuestro grupo, que incluía niños, decidió dormir en el sitio frente al lago. Como llegamos temprano escogimos un buen espacio pero jamás pensamos que se iba a llenar tanto. Cuando fuimos a La Cascada vimos unos buses que recién estaban entrando. Sin exagerar, habían unas 200 toldas y más de 500 personas, donde anteriormente solo se permitían 7 toldas y 30 personas.

Hasta tarde en la noche seguían entrando personas, la mayoría mal equipadas y que montaban sus toldas a la luz de las linternas. Cada grupo escuchada su música, perturbando la paz de la naturaleza. Obviamente no dormí en toda la noche, por lo que me levanté malhumorada. Hay presencia policial hasta las 11:00 p.m. Se intentan “controlar al área”, si bien los letreros invitan a no hacer ruido. Mi recomendación es no ir los sábados, menos en día festivo. En caso de hacerlo no pernoctar frente al lago.

¿Qué llevar?

Lo primero que se debe empacar es la tolda de acampar, seguido por el colchón inflable, almohadas, sabanas y toallas. Es preferible llegar temprano, para así poder escoger un buen sitio donde montar la tolda. Es preferible hacerlo con la luz del día. Para mayor comodidad también puedes llevar sillas plegables.

Para cocinar, lo más practico es equiparse con una barbacoa y carbón. Otra opción son las estufas portátiles con gas que son muy buenas, incluso se mantienen encendidas cuando sopla la brisa. Nosotros nos decantamos por ambas opciones, lo que nos permitió preparar café en el desayuno. Mi novio optó por preparar panqueques.

En caso de no estar de ánimos para cocinar, en la zona abundan los restaurantes pequeños y tiendas de conveniencia. No se deben olvidar las picadas y bebidas para los niños; cerveza o vino para los adultos. Al día siguiente metimos toda la basura en bolsas que habíamos traído y pasó un señor a retirarlas. Hay que pagar $1 por bolsa, que es bastante módico. La belleza natural solo se puede mantener si se recoge la basura.

Como el sitio no dispone de un baño propiamente dicho. Es posible alquilar uno por $80 la noche, con la compañía TecSan, que lo deja en el sitio y pasan a retirarlo después. Eramos cuatro familias, así que nos dividimos el costo y salió muy económico. Definitivamente que valió la pena porque la alternativa era “de mala muerte”, como decimos en Panamá. Llevamos un candado para cerrar el baño.

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